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A todos como padres lo que más nos preocupa es darles lo mejor a nuestros hijos para que en un futuro sean personas integras que puedan desenvolverse bien, logrando lo que se propongan. El tema “estimulación” está en auge hoy en día y al estar tan presente a la hora de criar a nuestros hijos vale la pena preguntarse realmente de qué se trata, si de ella depende que nuestros hijos sean más inteligentes, si existe una medida justa… |
La sociedad en la que nos toca vivir hoy en día no es la de hace unos años atrás: los tiempos son otros, vivimos a otros ritmos, tenemos más exigencias. Vivimos en la era del consumo de información y de objetos y en la era de la velocidad: necesitamos respuestas y resultados rápidos, siempre nos falta tiempo, nos es difícil detenernos.
Me gustaría que este sea un tiempo de detención y cuestionamiento frente a un tema que nos convoca y responsabiliza a todos como padres y que tiene que ver con qué les ofrecemos a nuestros hijos, si es acorde a lo que necesitan, ya que nuestras actitudes inevitablemente están determinadas por el tiempo en que vivimos.
Cada niño es único
Cada niño nace en el seno de un hogar que es único. Si bien el bebé viene con una importante carga genética que le es heredada, de cómo intervenga el medio determinará su futuro desarrollo.
La cultura en la que nacemos, la familia, el momento histórico determinan nuestro desarrollo como personas, determinan nuestra personalidad, y por ello cada niño es único y particular y tiene tiempos, preferencias y habilidades que le son propios y por lo tanto tiene necesidades propias. Son ustedes los padres quienes deben descubrirlas.
Si bien la información que brindan los libros sirve de referencia, ningún libro sabe mejor que sus padres que son quienes lo conocen, qué necesita cada bebé en cada etapa de desarrollo.
Un bebé nace con pocos recursos
El recién nacido nace con un SNC inmaduro y su crecimiento y desarrollo se completa en forma postnatal. Al nacer el ser humano tiene una ardua tarea: adaptarse al medio y cuenta con pocos recursos para hacer frente a los estímulos del medio ambiente, está poco equipado: sus actos reflejos como por ejemplo el reflejo de succión que le permite alimentarse (nadie le enseña a chupar) y sus 5 sentidos que ya están desarrollados y son los canales de entrada de información.
Un bebé por ello depende absolutamente de sus padres para sobrevivir y desarrollarse. Piensen que ni siquiera puede sostener su cabecita.
La madre es fundamental como filtro y facilita la adaptación del bebe. De la calidad de estos vínculos depende el desarrollo personal del bebé.
Las necesidades del bebé son comprendidas de manera intuitiva y satisfechas por la relación especial que se establece entre cada mamá y su bebé.
Esta díada mamá-bebé, brinda las primeras experiencias vivénciales que serán las bases de una personalidad integrada. "Muchas madres mantienen una lucha entre la necesidad intuitiva de tener a su bebé en brazos y lo que la sociedad, la familia o la cultura esperan de ellas y consideran normal"
Para pasar de la absoluta dependencia inicial a una progresiva independencia es fundamental que en una primera etapa la mamá este a disposición de su bebé, a “merced” de su bebé. La madre paulatinamente comienza a jugar con el bebé para que él pueda poco a poco introducir su propia manera de jugar; va introduciendo pequeñas experiencias de frustración, tiempos de espera, distancias para que el niño pueda ir volcando y descubriendo su personalidad, sus posibilidades de llegar a un logro y pueda descubrirse como un ser diferente de su madre. Para poder jugar solo, primero mamá tiene que estar presente. El bebé debe antes que nada sentirse seguro.
Dicha confianza es la madre quien se la brinda. Un niño que recibe afecto, se siente valorado y merecedor, y se fortalece por lo tanto su autoestima. Un niño seguro, sabe que su mamá está y puede jugar. Un niño que siente el riesgo de perder a su madre está más pendiente de que ésta no se valla y es más inseguro y demandante.
El mejor camino para la estimulación es prestarnos como guías, facilitadores, observar al bebé y acompañarlo.
Nuestro rol como padres
Las experiencias de juego deben presentarse entonces acordes a sus necesidades y etapa de desarrollo: ni resueltas ya que fomentan una actitud pasiva, las experiencias son tomadas como algo que no tienen sentido esforzarse para lograr, ni demasiado difíciles ya que le resultarán inabordables. Si en las experiencias de juego se le brinda la posibilidad al niño de tolerar su propia frustración, superarla para intentar repetidas veces llegar a un objetivo el niño vivirá cada suceso como algo valioso para ser conquistado por que vale la pena insistir hasta lograrlo.
El sentirá que creen en él y que si lo hacen debe ser porque el puede y merece dicha confianza.
Por ello estimular tiene que ver más con una forma de criarlo que con una tarea del día. Se trata de brindarle recursos para que el niño cuente con herramientas propias para adaptarse al mundo.
Para ello es fundamental liberarnos de todas nuestras ansiedades, temores, compulsiones y tomar conciencia que nuestro hijo es un ser diferente a nosotros, con deseos diferentes, con tiempos propios que deben ser respetados. Respetarlos es respetarlo a él como persona.
¿Juguetes especiales y específicos?
Para cada etapa hay necesidad de diferentes juguetes. Si bien cada bebé es único va pasando de una estructura a otra más compleja que incluye la anterior. Se hace sensible a los estímulos solo en la medida en que haya logrado ciertas adquisiciones; es como una esponja.
Actividades como la plástica, las canciones, los títeres son ideales a la hora de interactuar con nuestro hijo ya que no tienen consignas cerradas y permiten al pequeño involucrarse plenamente y poner en juego su propia producción y su creatividad. Los niños se benefician más del juego y del aprendizaje cuando están intencionalmente involucrados.
Los juguetes a pilas, las muñecas que hablan no ofrecen mucho para hacer y la
novedad desaparece pronto, dan todo resuelto.
¿Cuántos juguetes?
No se debe comprar juguetes de manera indiscriminada. La presión social de que a nuestro hijo no debe faltarle nada y que debe ser el mejor o ausencias prolongadas por trabajo que nos llenan de culpas nos conducen a veces a una compulsión a comprar de manera indiscriminada.
Esta compulsión tiene que ver con una angustia propia de los padres pero está muy lejos de lo que realmente necesita el bebé y sin darnos cuenta podemos caer en hacerle jugar al bebé nuestro juego y no el suyo. Cuantas veces le compramos un juguete que nos encantó y nos salió bastante caro y no podemos entender como sólo se interesa por el envoltorio?
Por ello observarlo, escucharlo, descubrirlo y estar atentos a qué nos pide y conectarnos con él es la mejor receta para poder darnos cuenta de que es lo mejor a ofrecerle según sus tiempos, necesidades y posibilidades.
No tenemos que olvidarnos que las técnicas y recomendaciones sobre como criar a nuestros hijos cambian día a día pero la fórmula íntima y personal que cada madre y cada padre establecen con sus hijos no pasa de moda.
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